Me voy a enamorar de mí, que sí, que sí. Lo que lees. Me voy a colar por mis huesos.
Voy a ser un poco más perra maleducada. Bueno no, perra, voy a ser un poco perra. Pero no por lo que estás pensando, ¡pillín! Pero sí por empezar a pensar en mí culo. Hacerme gozar y descubrir paraísos a los que poder mudarme con poco equipaje.
Me voy a enamorar de mí. Ya no hay vuelta atrás. De mis fantasmas y cicatrices. De mis heridas de vida y estos zumbidos que algunas noches juegan a no dejarme dormir. Voy a prender fuego al miedo y convertir mis entrañas en un campo de batalla con el que poder construir.
Me voy a enamorar de mí. En serio, lo digo en serio. De mis excusas y mis “bueno, va”. Voy a lanzarme sin salvavidas a mis infiernos, a lo más profundo, lo oscuro de verdad. Y conocerme. Y perdonarme. No me voy a pelear más conmigo. Ni siquiera voy a pelear contigo para hacerme sangrar. Es hora de dejarme en paz. Quitarme la máscara y descubrir que ahí debajo estaba, que siempre he existido. Que no soy de metal.
Mira tú por donde, quizá incluso invite a mis demonios a una merienda de verdades con té de escuchar y pastel de tender la mano sin rencores. A ver si así se ablandan y se unen a luchar por mí. Para mí. Conmigo.
Me voy a enamorar de mí. No te asustes. Porque no conozco a nadie más capaz de comerse el cola cao a cucharadas sin morir en el intento. Porque soy capaz de inventar veinte idiomas diferentes, sonidos, onomatopeyas, bailes y otras formas raras de hablar, cuando me hacen cosquillas hasta reventar. Porque quiero aprender a quererme. Y eso no me lo puedo negar.
Y porque sí.
Porque me da la gana.
Podría seguir aquí, así. Porque sé que mereces la pena. Incluso, en otro tiempo, sería capaz de enamorarme de esto. De tu presencia ausente. De tus silencios y tus “ahora, va”. Pero he descubierto que yo también merezco la pena. Y las alegrías y el tiempo. Y las ganas. Me ha costado darme cuenta, es cierto, pero ahora que lo he hecho, ya no vale aguantar por el “algún día, quizá”. Ahora es tiempo de arriesgar.
Con todo esto creo que trato de decirte que no necesito un hombre para vivir. Aún que asuste reconocerlo. O puede que esté descubriendo que no lo necesito, que me gustaría. Pero no de esta forma. Así no. Y esto acojona aún más. Asumir no necesito que me salves, que quiero que me quieras.
Podría enamorarme de ti, es cierto.
Pero no.
Ya he perdido la cuenta de las veces que me he hecho daño por no mimarme. A mí primero, primero a mí. Por eso hoy es el día. Hoy lo decido. Y lo hago.
Me voy a enamorar de mí.
Porque me lo merezco.
Y qué narices.
¡Porque estoy buenísima!
Aldara Filgueiras







